Κυριακή, 30 Σεπτεμβρίου 2012

¿Dónde han de estar las Sirenas?


Fragmentos de “Todo lo que realmente necesito saber
lo aprendí en el parvulario”

Robert Fulghum




Gigantes, Brujos y Enanos era el juego al que se iba a jugar.

Encargado de unos ochenta niños de entre siete y diez años, mientras sus padres estaban realizando tareas propias de su condición de padres, hice formar a mis tropas en el salón de actos de la iglesia y les expliqué el juego. Es una versión a gran escala de Piedra, Papel y Tijeras, y requiere cierta toma de decisiones intelectual. Pero el verdadero objetivo del juego es hacer mucho ruido y correr de un lado a otro persiguiéndose hasta que nadie sabe de qué bando está o quién ha ganado.

Organizar todo un salón lleno de pequeños estudiantes encerrados allí en dos equipos, explicar los rudimentos del juego, lograr un consenso sobre la identidad del grupo, todo esto no es grano de anís, pero lo hicimos con buena voluntad y nos dispusimos a iniciar el juego.

La excitación de la caza había alcanzado un punto crítico. Yo grité:
- Tenéis que decidir ahora lo que sois: ¡un GIGANTE, un BRUJO o un ENANO!
Mientras se formaban los grupos, consultando frenéticamente en voz baja, sentí que alguien tiraba de la pernera de mi pantalón. Una niña pequeña me está mirando y me pregunta, con una vocecilla preocupada:
- ¿Dónde han de estar las Sirenas?
Una larga pausa. Una pausa muy larga.
- ¿Dónde han de estar las Sirenas? -le digo.
- Sí. Mire, yo soy una Sirena.
- Las Sirenas no existen.
- ¡Oh, sí, yo soy una!
No le interesaba ser un Gigante, un Brujo o un Enano. Sabía cuál era su categoría. Sirena. Y no estaba dispuesta a abandonar el juego y plantarse contra la pared, como habían de hacer los perdedores. Quería participar, en el bando al que se adaptasen mejor las Sirenas en el esquema del juego. Sin renunciar a su dignidad ni a su identidad. Daba por sabido que había un lugar para las Sirenas y que yo sabría dónde estaba.


Bueno, ¿de qué bando ESTÁN las Sirenas? ¿Todas las “Sirenas”, todos los que son diferentes, los que no se adaptan a la norma y no aceptan los compartimentos y las casillas disponibles?
Contesta a esta pregunta y podrás construir una escuela, una nación o un mundo sobre ello.
¿Cuál fue entonces mi respuesta? De vez en cuando digo la cosa adecuada.
- La Sirena debe estar aquí, ¡junto al Rey del Mar! -le digo. (Sí, junto al Bufón del Rey, pensé.)
Y allí nos quedamos, tomados de la mano, revisando las tropas de Brujos y Gigantes y Enanos mientras corrían desordenadamente.
A propósito, no es verdad que las sirenas no existan. Conozco personalmente al menos a una. La he tenido tomada de mi mano.

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